Juegos de lenguaje y aborto
Si bien es cierto que
el lenguaje es la mejor forma de comunicarse entre las personas, no menos
cierto es que también éste puede ser utilizado para la transmisión de un
mensaje distorsionado y sin apego a la verdad, la cual debe primar por encima
de toda posición política o religiosa.
Cuando se habla del
aborto se usan muchos juegos de lenguaje con la finalidad de encubrir lo que
realmente está detrás del telón. Sabemos que el aborto es un crimen despiadado
de un ser inocente e indefenso con el cual pocos estarían de acuerdo; sin
embargo, para suavizar el impacto que causa el término aborto se recurre a
ciertos eufemismos tales como: “Aborto terapéutico”, “aborto eugenésico”,
“interrupción del embarazo” o simplemente “derechos de la mujer a decidir sobre
su cuerpo”.
No cabe duda de que
el mal llamado “aborto terapéutico” no existe, ya que toda terapia tiene una
finalidad bien clara: producir vida, aliviar el dolor o el sufrimiento causado
por un golpe o enfermedad; mientras que en el aborto vemos todo lo contrario,
es decir, lo que se produce es muerte y el dolor se prolonga a lo largo de la
vida de la mujer que aborta: es el llamado “síndrome post-aborto”.
La palabra
“eugenesia” significa bien nacido, por tanto, el “aborto eugenésico” no es más
que una “selección” previa de quién debe o no nacer; en otras palabras, si lo
expresamos en un lenguaje empresarial o industrial estamos ante lo que se llama
“control de calidad” del producto. Este aborto se practica cuando el niño por
nacer presenta algún tipo de deformación o deficiencia física y se cree que
tendrá un bajo nivel de calidad en su vida, por lo que representa una “carga”
(económica o anímica) para la madre y que ella tiene el derecho de no asumir.
La “interrupción del
embarazo” también forma parte del juego de lenguaje utilizado para propiciar el
aborto sin más. Si nos detenemos a analizar la expresión, rápidamente caeremos
en la cuenta de que cuando algo se interrumpe es porque en algún momento
continuará. Aquí no sucede eso. Por el contrario, se trata del aborto y nada
más; toda interrupción del embarazo no puede ser otra cosa que un aborto. Interrumpir
el embarazo significa simple y llanamente cortar el proceso de crecimiento de
la vida de un ser humano que se está desarrollando en el vientre materno.
Los “derechos de la
mujer a decidir sobre su cuerpo” es otro de los eufemismos usados con
frecuencia para justificar el aborto. Es necesario aclarar que en la misma
expresión hay una contradicción, ya que si la mujer decide sobre su cuerpo eso
no significa que pueda decidir sobre la creatura que lleva en sus entrañas: tal
decisión es sobre su cuerpo y no debe afectar al niño que lleva en su vientre.
En efecto, son dos cuerpos distintos, cada uno con un mapa genético diferente.
Si bien es cierto que el niño está unido a su madre porque necesita
desarrollarse para estar preparado antes de nacer, no menos cierto es que no
pertenece al cuerpo de la madre como cualquier otra parte de su cuerpo como
brazos, ojos o piernas. La realidad es que el niño que crece en su vientre es
una persona con los mismos derechos que la madre que lo está gestando, y dentro
de esos derechos está el derecho a la
vida, el cual es inviolable en cualquiera de las etapas de la vida del ser
humano.
En estrecha relación
con lo anterior se encuentra la llamada “autonomía reproductiva de la mujer”
que no es más que la posibilidad de decidir “libre” y “responsablemente” si
opta por la maternidad o no. Ante estas argumentaciones es necesario notar que
la maternidad no es una opción, es un don. Por tanto, la maternidad debe ser
vivida, no decidida.
Que “ninguna mujer
desea tener un embarazo para luego abortar”, es lo que solemos oír como
justificación del aborto en caso de un “embarazo no deseado”. Ciertamente hay
parejas que por diferentes circunstancias no desean un nuevo en un momento
determinado, pero eso no justifica el aborto. Por otro lado, es necesario
señalar que la mayor parte de esos “embarazos no deseados” son el fruto de una
vida de promiscuidad, en donde al sexo desenfrenado (defendido como “derechos
sexuales”) se le llama “amor” cuando no es más que el goce y disfrute pasajero
de una vida placentera en donde al otro se lo ve como objeto de placer, no como
persona.
Como podemos ver, el
tema del aborto pretende ser favorecido o justificado mediante un lenguaje que
no responde a la realidad, a la verdad, de un hecho que constituye el crimen de
millones de criaturas indefensas, lo cual agrava aún más la culpa de quienes
participan en él directa (personal sanitario) o indirectamente (legisladores).
Ante todo esto, es
necesario recordar que el derecho a la
vida es inviolable, que ninguna legislación humana puede estar por encima
de este derecho fundamental, el cual no es adquirido, sino regalado. Por tanto,
al ser un don, la vida es sagrada y,
además, un bien personal, social y comunitario; por lo que y ninguna persona o
legislación tiene el derecho a decidir destino final de la vida de un ser humano
en ninguna de sus fases de desarrollo, es decir, ni en su etapa inicial en el
vientre materno (aborto), ni en su etapa intermedia (homicidio o suicidio),
cuanto menos en la etapa final del individuo (eutanasia).
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